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Informe estratégico sobre Argentina

Número 28 13 de septiembre 2017

Unidos o dominados

Invitado de hoy: Ignacio Labaqui, profesor de Universidad Catolica Argentina y Ucema

La performance electoral de Cambiemos en las PASO resultó una sorpresa no solo para muchos analistas, sino principalmente para los referentes de las distintas facciones del peronismo. Luego del resultado de las primarias, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, donde el kirchnerismo jugó su carta más fuerte y obtuvo un resultado magro en relación a lo que se esperaba, han proliferado los llamamientos a la unidad del peronismo. “Unidos o dominados” parece ser la lección que dirigentes de las distintas corrientes del peronismo han aprendido tras las elecciones del 13 de agosto.

Pocos días después de las elecciones, el académico y ex funcionario del ministerio de Trabajo en la era kirchnerista Sebastián Etchemendy escribió en su cuenta de twitter: “A ver compañeros @GermanLodola sacó cta. nacional, prov p prov: CFK 22%, PJ 18%. Mucho para debatir, pero si no nos unimos hay PRO para rato”. (https://twitter.com/etchemen/status/901164324630167553)

A una conclusión similar llegó el ex jefe de gabinete y actual intendente de Resistencia Jorge Capitanich, quien señaló en un reportaje concedido a la revista LetraP: “Creo que hay que preservar la unidad. Entiendo que hay que hacer una síntesis muy concreta: el kirchnerismo sin el resto del peronismo no alcanza y el peronismo sin el kirchnerismo no gana. O sea que es un tema que requiere una redefinición”. (http://www.letrap.com.ar/nota/2017-9-2-20-45-0–el-kirchnerismo-sin-el-resto-del-pj-no-alcanza-y-el-peronismo-solo-no-gana)
Visto que como reza la marcha peronista “todos unidos triunfaremos”, a lo que podemos sumar la frase de Perón acerca de la unidad como alternativa a la dominación, cabe formularse entonces la misma pregunta con la que Guillermo O’Donnell tituló un recordado artículo de los ochenta referido a las dificultades para formar un cartel de países deudores: ¿Por qué los peronismos no hacen lo obvio?
Resulta una ironía del destino que el dilema que hoy aqueja a las distintas facciones de la gran familia peronista es el mismo que atormentaba a la oposición durante el período kirchnerista. Durante el ciclo kirchnerista el círculo rojo demandaba con impaciencia, a veces hasta el hartazgo, la unidad de toda la oposición. Incluso durante la campaña de 2015 el círculo rojo y sus habituales voceros criticaban severamente, a veces con frecuencia semanal, a Jaime Durán Barba -sin dudas un actor clave en el triunfo de Cambiemos- por haberse opuesto a un acuerdo con Sergio Massa.
Es el peronismo el que hoy enfrenta el clamor de sus dirigentes por la unidad. Ahora bien, parece fácil predicar la unidad. Concretarla es otra historia. Hay al menos tres obstáculos relevantes para la unidad.
Un primer obstáculo fue señalado en un brillante artículo por Rodrigo Zarazaga: la coordinación de los dirigentes no necesariamente se traduce en la suma de voluntades de los votantes. La base social del massismo y del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires son disímiles, representan demandas diferentes. En política no necesariamente 2+2=4. El fenómeno no es exclusivo de la provincia de Buenos Aires.
Un segundo obstáculo radica en el problema de acción colectiva que implica la unidad. La misma cobra sentido como un instrumento para imponerse a Cambiemos y retornar al poder en 2019. Sin embargo, volver al poder, ya sea a nivel nacional o en distritos provinciales o municipales hoy gobernados por Cambiemos es solo una parte del problema. Una segunda cuestión que quienes claman por la unidad suelen callar es la discusión sobre la distribución de los frutos de la unidad, esto es, la discusión acerca del liderazgo en el peronismo.
Las ventajas de la unidad parecen obvias -si bien la misma no necesariamente es garantía de triunfo. Pero no cualquier unidad da la mismo. El mismo día en que Sebastián Etchemendy señalaba que un peronismo unido derrotaría a Cambiemos a nivel nacional, la diputada massista Florencia Arieto mostró claramente los límites de este planteo: “Cristina 35, Massa 15, Randazzo 5= 55. Mirá si Cristina -que es el motivo de la división- se hubiera corrido, la paliza que se comía Cambiemos”. (https://twitter.com/Florenciarietto/status/901149172279259137)
Si bien aún está por verse que la mera agregación de dirigentes resulte en la suma aritmética de los votos obtenidos por separado, hay un punto que es válido, y que el gobierno ha comprendido a la perfección: Cristina es un factor de perturbación que conspira contra la unidad del peronismo, y por eso la supervivencia de una Cristina derrotada pero controlando una porción relevante del electorado bonaerense es clave para bloquear cualquier intento de renovar el peronismo y superar la crisis de liderazgo causada por la derrota electoral de 2015.
Para ponerlo en otras palabras, todos quieren la unidad, pero no el mismo tipo de unidad. Buena parte de los gobernadores no parecen dispuestos a aceptar la unidad bajo el liderazgo de Cristina. En tanto que el kirchnerismo no concibe la unidad sino es bajo el liderazgo de Cristina. Las distintas facciones del peronismo comparten el deseo de derrotar a Cambiemos y volver al poder, pero antes de eso ambicionan ocupar el liderazgo hoy vacante del peronismo.
De hecho, la historia del movimiento peronista muestra que la unidad es el productor del liderazgo forjado a partir de victorias electorales, y no de las proclamas en torno a la misma. En la década de 1960 Augusto Timoteo Vandor desafió al liderazgo de Perón en el exilio, creando un partido neoperonista con eje en el sindicalismo. La contienda se resolvió en las urnas en las elecciones de gobernador de Mendoza del 19 de abril de 1966. Si bien el candidato triunfante fue el conservador, la lista peronista encabezada por el candidato apoyado por Perón desde Madrid terminó en segundo lugar relegando al cuarto puesto a la lista apoyada por Vandor.
La disputa entre renovadores y ortodoxos tras la vuelta de la democracia quedó saldada en las elecciones legislativas de 1985 en las que la lista encabezada por Antonio Cafiero obtuvo más votos que la lista de la ortodoxia sindical. Tras la década menemista y el interregno duhaldista, fue el triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en la elección de senador de 2005 frente a Hilda Chiche Duhalde lo que consolidó el liderazgo kirchnerista y unificó al peronismo.
¿Podría una performance más contundente de Cambiemos en octubre próximo forzar la unidad del peronismo? A priori debería esperarse que la perspectiva de una nueva victoria de Cambiemos en 2019 favorezca sino la unidad, al menos cierta coordinación en el Congreso de las distintas facciones de la amplia familia peronista. Es decir, que las distintas facciones del peronismo se unan para intentar bloquear la agenda legislativa de Cambiemos.
Sin embargo, difícilmente ello ocurra por una diversidad de motivos. En primer lugar, difícilmente le resulte atractivo a los legisladores vinculados a los gobernadores peronistas asumir una postura de oposición dura
como la pretendida por el kirchnerismo. Hacer ello sería ser furgón de cola de Cristina Kirchner, una idea que no parece concitar mucho interés en la mayoría de los gobernadores peronistas. Para el massismo residual -cuyo futuro tras octubre próximo es una verdadera incógnita- sería repetir la experiencia de la discusión por el impuesto a las ganancias de diciembre del año pasado en la que inicialmente apoyó al kirchnerismo, pero luego de una evaluación del costo político asociado a semejante movida optó por negociar con el gobierno.

En segundo lugar, los intereses de las distintas facciones del peronismo son divergentes. Los intereses del grueso de los gobernadores peronistas y del kirchnerismo son divergentes. Para el segundo, la única manera de recuperar el liderazgo del peronismo y retornar al poder, es mediante la validación de su relato. Es decir, mediante un final traumático de la experiencia de Cambiemos en el gobierno. Las urgencias de los gobernadores son otras. El kirchnerismo tiene fuertes incentivos para ejercer una oposición cerril al gobierno. Los gobernadores, no.
¿Será la perspectiva de un triunfo electoral de Cambiemos en 2019 la que haga que los peronismos se unan no por amor sino por espanto? Difícilmente. Si ese fuera el caso, el repliegue territorial antes que la unidad como forma de autodefensa parece la estrategia más probable. Un Cambiemos fortalecido implica que habrá menos lugares disponibles para repartir para la oposición en las elecciones de 2019. La menor disponibilidad de cargosprobablemente tense las negociaciones en torno a cualquier intento de unidad.
Sin una recomposición del liderazgo, algo que inevitablemente ocurrirá en las urnas, es difícil que se produzca la tan anhelada unidad. Las PASO son un instrumento ideal para ello, y en varios distritos el peronismo optó por utilizarlas, con resultados diversos. En otros distritos -claramente la provincia de Buenos Aires- tal vez habría convenido apelar a esta herramienta, pero por razones que probablemente puedan entenderse más a la luz de las obras de Freud que de la ciencia política, la decisión fue competir de manera separada. Los resultados están a la vista. Habrá que esperar un tiempo más para la unidad del peronismo.

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