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Informe estratégico sobre Argentina

Número 94 18 de octubre 2021

El futuro de la agenda ambiental de la ciudad de Buenos Aires

Desde hace varios meses la Ciudad Autónoma de Buenos Aires viene redefiniendo su plan de acción climática 2050. Se trata del plan por el cual la ciudad se adaptará al cambio climático y redefinirá su paisaje urbano en los años venideros. La cercanía de la COP 26, la conferencia de la ONU sobre el cambio climático ha realizarse en Glasgow, Escocia el próximo mes de noviembre, y la pertenencia de la CABA al C40, el grupo de ciudades que se organizaron a nivel mundial para liderar la adaptación al cambio climático y cumplir con las metas del Acuerdo de París, sumado a la demanda creciente sobre respuestas al cambio/crisis del clima y la problemática ambiental en general, llevan a poner el tema de manera estratégica en la agenda política del Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta.

Por Alejandro De Angelis*

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Como dato, hace pocos días durante su gira por Estados Unidos Larreta conversó con John Kerry (actualmente enviado especial del presidente de los Estados Unidos para el clima) para invitarlo a la próxima reunión del C40 que se realizará en 2022 en Buenos Aires. El jefe de la ciudad de Buenos Aires es, además, el vicepresidente del grupo de 40 Ciudades (el presidente es el alcalde de Los Angeles, Eric Garcetti).

¿De qué se trata el Plan de Acción Climática 2050? El principal objetivo es reducir las emisiones de gases, básicamente de CO2 (dióxido de carbono) en el territorio de la ciudad en un 53 % para el año 2030 y en un 84 % para el año 2050. Esto permitirá una contribución a la reducción global de emisión de gases hacia la atmósfera del planeta, permitiendo mitigar el efecto invernadero y el calentamiento global, pero principalmente bajar la mayor carga de energía que tiene el clima. La tierra es un sistema y como tal tiende a mantener el equilibrio. Un desequilibrio sostenido implica un clima impredecible, con mayor variación y energía. Para decirlo de manera reduccionista: lluvias más intensas, sequías más sostenidas, menor estacionalidad, etc.

Bajar las emisiones implica promover edificaciones más eficientes y con parámetros sostenibles de construcción y habitabilidad. También requiere de una gestión más sostenible de la energía en general y de los residuos urbanos, medios de transporte de baja emisión de gases y potenciar la “economía circular”. Esto recibe la denominación de “ciudad innovadora y con baja huella de carbono”.

Otro concepto es el de “ciudad cercana”, es decir la ciudad de 15 minutos, donde los peatones tienen mayor ocupación del espacio y la conectividad de los servicios está en un rango de cuarto de hora, y donde las bicicletas son el principal medio de movilidad.

La “ciudad inclusiva” tiende a alcanzar los objetivos de lo que normalmente se denomina “justicia climática” y avanza sobre la protección de los sectores más vulnerables a los riesgos del clima y la crisis.

Pero quizás el objetivo más ambicioso es el de “ciudad preparada”, con una infraestructura para hacer frente a fuertes tormentas, inundaciones, olas de calor, etc. Si esta meta se cumple, será el cambio más profundo en el paisaje porteño al que estamos acostumbrados.

La crisis climática provoca migración interna y movilidad territorial. La población migra hacia lugares más preparados. La pandemia de Covid es un buen ejemplo de un movimiento sostenido hacia las áreas suburbanas metropolitanas en busca de un modo de vida que la ciudad cerrada y superpoblada no permite.

Ya sea hacia la ciudad o hacia los suburbios, la movilidad de poblaciones será determinante para establecer políticas públicas. La frecuencia de los eventos climáticos y su intensidad determinarán un nuevo entramado que cambiará el paisaje e impactará en la planificación. Por lo tanto, las políticas que atiendan la crisis climática deberán trabajar en la relocalización de la población, de los territorios productivos y de los servicios, junto al establecimiento de infraestructura crítica, lo que sugiere tomar como base áreas amplias (metropolitanas y urbana-rurales) para avanzar en acciones e inversiones conjuntas e integradas. Este tipo de planificación requerirá antes que después normas de ordenamiento territorial con perspectiva de ambiente y cambio climático.

La provincia de Buenos Aires tiene una ley de ordenamiento territorial de más de 50 años; no puede responder a las demandas actuales y del futuro. Por su parte, la ciudad avanza en su plan de acción climática. Sólo una Ley Nacional que contemple el ordenamiento conjunto de los territorios del país podrá facilitar una planificación exitosa para los gobiernos locales. Este es el primer desafío técnico y político del jefe de gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires: integrar la agenda local con la nacional y llegar a acuerdos teniendo en cuenta las diferentes realidades y demandas territoriales. Los próximos años, serán determinantes.

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* Antropólogo. Profesor Asociado de Ambiente y Territorio. UNSO.

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